Lo que un día fué, no será más.


Cuando somos adolescentes, nos enamoramos con tanto apasionamiento, que todo nos parecía hermoso. 

Y la verdad es que es hermoso, mucho más a esa edad. 

La vida nos sonríe y nuestras primeras veces eran únicas, al menos para nuestro género. 

Siempre nos vamos  acordar del primer obsequio, del primer beso, de la primera caricia. Más aún, si esta figuraba entre las "prohibidas" y sobre todo de nuestra primera noche de amor nunca la olvidaremos.

 Lo que  estoy segura es que aún cuando nos volvamos a enamorar muchas veces más, nada será igual que aquella primera vez, cuando  las emociones hervían en el fuego del debút y la complacencia del amor que nos derritió el alma y la piel, y el corazón latía despechado casi a mil  estremeciendo  hasta la más perezosa célula del cuerpo. Nuestra  piel se entregó de lleno a vivir y a sentir lo que nunca habíamos imaginado.

Jamás  se repetirá con la misma intensidad y emoción de aquella primera experiencia  indescriptible cuando el alma, cuerpo y corazón se abrieron  y rindieron complacidos ante el maravilloso sentimiento del amor. Lo que después venga simplemente ya será historia conocida.

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